LA LEYENDA DE PORTAVELLA

Capítulo 6. Expedición a Catalunya

En el año 197 antes de Cristo se sublevaron los turdetanos del Norte de Hispània y en la revuelta murió Gaius Sempronius Tuditanus. Para reprimir la insurrección designaron a Marco Porcio Catón. La campaña militar tuvo lugar al Norte de la península, en territorio de los bergistanos, con núcleo principal en la población de Berga. Así nos lo narra Polibio en uno de los fragmentos que han llegado hasta nuestros días, en su libro XIX, cuyo inicio sería una de las más importantes campañas del ejercito de Roma.
La expedición compuesta por 25.000 hombres y 5.000 jinetes vinieron desde Italia y desembarcaron en Empúries, a bordo de numerosas naves “M. Procius Consul, postquam abrogata est oppia lex, extemplo viginti quinque navibus longis”. El cónsul Marco Porcio, como lo denomina el historiador Tito Livio, era un hombre de carácter y cualidades especiales.
“Marcus Porcius Cato”, Marco Porcio Catón nació en el municipio de Túsculum, en el año 234 a. de C. Era hijo de una familia humilde y habiéndose quedado huérfano muy joven se dedicó con ahínco al cultivo de las tierras que su padre le dejó en herencia. De ahí su gran apego por la agricultura que no le abandonó nunca.
A partir de los 17 años de edad, en la que se incorporó a la milicia bajo el mando de Fabio Máximo, su ascenso fue impresionante, culminando con una muy brillante actuación en la batalla de Sena, donde murió Asdrúbal, hecho que propició una importante tregua durante la segunda guerra púnica. Cuentan que desde entonces Catón fue nombrado tribuno militar.
Catón aprovechaba siempre los intervalos de paz para volver a casa y dedicarse al cultivo de sus tierras, codo a codo con sus esclavos.
Así con la fama ganada en la guerra, su disciplina espartana, y una fluida oratoria que le ayudó a rodearse de numerosos y fieles amigos, se trasladó a Roma, donde al cumplir los 30 años fue questor y asignado al cónsul Cornelio Escipión a quien acompañó en las campañas de Sicilia y África. De carácter tenaz, recto u austero, la carrera diplomática y militar lo llevó directo a la fama.
A los 35 años fue elegido magistrado regidor de la clase baja del pueblo romano, a los 36 lo destinaron como pretor de la isla de Cerdeña. Su bien ganado prestigio le valió ser elegido cónsul a los 39. A la edad de 41 años, inmerso ya en el gobierno de la península Ibérica, organizó la expedición más numerosa que nunca antes se había realizado sobre Catalunya (Tito Livio XXXIII i XXXIV i Catón “oratio dierum dictarum de consulatu suo”). El motivo está expuesto en palabras de Polibio al principio de este capitulo.
La organización de tan gran movimiento de tropas se inició seguramente en tierras de la Campania italiana, desde donde surgieron la mayor parte de los recursos humanos (esta hipótesis queda ampliamente justificada en otro capitulo de esta narración).
Marco Porcio necesitaba numerosas naves de transporte, y como sino, debió recurrir a las famosas pentecóntoras griegas, naves de 50 remos, por aquel entonces aliados y matriculadas en la ciudad de Velia, al final del valle de la Lucania.
Existe un precedente de este hecho que se dio con anterioridad en la campaña militar de Sicilia. Así lo narra Polibio “y pidieron prestado quinqueremis y triremis a los tarentinos y locrios y también a los eleatas (habitantes de Velia) y napolitanos y con las naves trasladaron de manera osada sus hombres”
Normalmente cuando se inicia una expedición de tales características, el grueso del ejército se formaba ya en el lugar de partida, en este caso Velia y Nápoles como puertos principales. Las naves con su carga humana y material orillaban la costa hacia el Norte, con escala obligada en los puertos de Antium i Ostia, donde se completaba el mando de las tropas y el equipamiento logístico. Otro puerto de reclutamiento y aprovisionamiento obligado debió ser Massilia. Desde aquí las naves con su nueva carga de equinos, aprovechaban el viento gregal para arribar a Empúries, donde tenia lugar el desembarco.
La contribución griega en esta expedición se manifiesta de una manera patente con el uso de sus naves tan apreciadas por los romanos por su rapidez. No se puede olvidar que también el soporte humano fue muy importante con la participación de la marinería griega. El alto nivel cultural de los eleatas y de los foceos massaliotas, en general, era tenido muy en cuenta por los romanos. Tampoco se puede descartar la hipótesis que el cónsul Marco Porcio dispusiese de personal griego cualificado. La presencia de médicos, ingenieros militares, geógrafos o consejeros foceos constituía un hecho normal dentro del amplio abanico del personal auxiliar al servicio de los combatientes, un hecho usual en la composición de las legiones romanas que asimismo disponían de unidades de choque compuestas en su mayoría por soldados de procedencia no romana.
Acampados en las playas de Pals, entre Empúries i Rodes, una de las dos legiones como mínimo, fue con la que el cónsul Marco Porcio sometió a la ciudad de Berga, principal foco de la rebelión que se había extendido rápidamente a otras ciudades importantes de la Hispania Citerior, nombre como era conocida Catalunya en aquel tiempo. “Consul interim, rebellione Bergistanorum ictus, ceteras quoque civitates ratus per occasionem idem facturas, arma omnibus cis iberum Hispanis ademit”. Estos pueblos se describen en el siguiente párrafo: “Ea tam exigua manu oppida aliquot cepit : defecere ad eum Sedetani, Ausetani, Suessetani, Lacetanos, deviam et silvestrem gentem”.
Cuentan las crónicas que la conquista de Berga fue larga y difícil. El sitio de la ciudad les llevó mucho tiempo.
El movimiento de las tropas hacía Berga debió hacerse sin lugar a dudas por un eje natural de penetración, o sea la distancia más corta entre Empúries y Berga. Este eje corresponde al camino que conduce a las ciudades de Olot y Ripoll, pasando por el lago de Banyoles.
Por este motivo no se descarta que el cónsul Marco Porcio dispusiese de campamentos de gran importancia logística en la retaguardia, muy cerca del eje natural de penetración. La intendencia y la hospitalaria son dos factores importantes a tener en cuenta en tan grande movimiento de fuerzas. Dada la distancia en que se encontraban desde Empúries, estos campamentos eran fuerza obligada y necesaria para llevar a buen término toda la operación militar…
El ingenio de Catón y la fuerza de sus legiones acabaron con la revuelta de esta zona Citerior. Triunfante, Catón pudo ayudar al pretor Manlius de la Hispania Ulterior que también tenía dificultades con los indigetes, pero una nueva sublevación de los pueblos del Ebro llamó la atención del cónsul. Su intervención fue rápida y efectiva. Según nos narra Polibio en su libro XIX, una
vez vencidos, Catón ordenó que fuesen derruidos todos los muros de las ciudades a lo largo del Ebro. “Había muchas, y en ellas vivían una gran cantidad de hombres belicosos”. I la orden se cumplió y ejecutó tan solo en un día.
Esta destrucción y otras muchas, llevadas a término sistemáticamente por los romanos, hizo imposible la posterior identificación de restos arquitectónicos griegos, que los pueblos íberos habían recibido de la cultura griega.
Finalizada la segunda guerra púnica, el año 201 a. de C. y después del proceso de pacificación de los pueblos autóctonos, empezó la verdadera colonización de Catalunya bajo la pax romana.
Los estudiosos del tema están de acuerdo que el inicio de la organización territorial en villas o ruras, dataría de finales del siglo II a. de C. o primeros del siglo I a. de C. A pesar de todos estos datos prefijados se podría pensar que la relación entre el final de la guerra y el establecimiento de ciudadanos romanos, licenciados del ejército que recibieron parcelas de tierra se debería producir a principios del siglo I a. de C. Estos veteranos del ejército fueron los protagonistas principales de la auténtica colonización agrícola de Catalunya.
La centuriación de las tierras, con la medida agraria romana equivalente a 200 jovadas (50 hectáreas) se extendió por doquier. Un acontecimiento parecido se produjo en África Proconsular en esta misma época. A los licenciados de la milicia se les adjudicaron parcelas de tierra de 100 jugeres (25 hectareas, aproximadamente, a cada uno).
Detrás de toda esta colonización agrícola, se intuye el buen hacer de un promotor conocido de todos nosotros, el campesino de ojos azules y pelirrojo, que fue Marco Porcio Catón. Con su tratado “Liber de Agri Cultura”, culminó la ayuda a los colonizadores. Un auténtico tratado de economía rural.

 

Capítulo 7. La leyenda de Portavella

El cuerpo de ejercito romano, bajo el mando de Marco Porcio Catón, avanzaba lentamente a través de la espesa niebla que a ras de suelo, cubría el valle de las Lloses. Acamparon una vez pasada la roca de Baborers. Dejando a un lado el camino al fondo del valle que atravesaban para ir hacía Berga, un grupo de exploradores subió monte arriba. Si cruzaban la cordillera situada al Sur del valle, podrían encontrar un atajo y bajar hacía un nuevo valle, lugar donde se encuentra hoy en día el pueblo de Alpens. Al llegar a un punto de la carena donde se vislumbraba un collado, la niebla se disipó. Al fondo, a la derecha, y en dirección Norte, observaron un promontorio rocoso que sobresalía de la niebla.
Se encontraban a mil metros de altitud y el terreno hacia el promontorio era llano. El grupo de exploradores, formado en parte por eleatas, llegó muy cerca de la base del promontorio. Subieron por una fuerte pendiente hasta llegar al pié de una pequeña explanada rodeada al Norte por una pared rocosa, continuación del destacado promontorio. La citada explanada, se encuentra hoy en día cubierta de tierras i cascotes procedentes de antiguas construcciones, sostenidas por un muro de contención de piedra. Su parte superior fue utilizada como era de la “masía” construida años más tarde.
Aquel lugar era ideal para establecer una villa o rura romana, puesto que se encontraba protegida del viento de Tramontana por la parte más alta de la cordillera y poseía un par de manantiales de agua muy caudalosos, sobre todo el situado en la parte inferior del terreno. El nombre del lugar, se denominó años después Sant Martí de Vinyoles. Esta denominación indica que había viñedos en aquellas tierras. Efectivamente los romanos trajeron las cepas de la península italiana y es bien sabido que tenían por costumbre plantarlas a gran altitud. El mismo Marco Porcio Catón en su libro “De Agri Cultura” XI, indica la manera de llevar los viñedos: “Quo modo uineae iug. c instituere oporteat. Uilicum, uilicam operarios X, bubulcum I, asinarium I, salictarium I, subulcum I, summa homines XVI …”. De hecho el nombre de “Vinyoles” y su situación privilegiada, facilitó la evidencia del establecimiento de una villa romana en tal lugar.
Pero sigamos con el legendario relato después de estas puntualizaciones.
Así pues, examinado el lugar por el propio cónsul Catón, decidió establecer allí una rura o villa romana, futuro centro de avituallamiento de las tropas. La configuración del terreno con el gran promontorio y la posible abertura natural situada en la base de la pared rocosa, hecho que analizaremos más adelante, llevó a los griegos eleatas a comparar el lugar escogido con su ciudad de origen, en la Magna Grecia, Velia. El paraje distaba y en mucho de la magnificencia de Velia, pero la semejanza de la formación rocosa era tal, que en recuerdo de la ciudad que habían dejado atrás al aventurarse por tierras catalanas, hizo que aquellos griegos bautizasen el lugar con el nombre de Porta Velia. Se trata de un portal en forma de túnel, que situado en el punto más alto de la ciudad de Velia, la divide en dos, tal como hemos explicado en el capítulo “Velia, ciudad de la Magna Grecia”.
De la villa romana o acrópolis situada en la parte más alta del promontorio de Can Portavella, no queda por desgracia nada. Sobre las ruinas del establecimiento romano se levantó en el siglo XII, la torre cuadrada de defensa que descrito en el capitulo “La antigua casa señorial de Portavella”.
Lo primero que nos puede sorprender es la comparación que hacemos entre el lugar de Can Portavella y la ciudad de Velia. Velia era puerto de mar y Can Portavella se encuentra en el interior a más de mil metros de altitud. La imagen de Velia y su promontorio, donde se encuentra la acrópolis que se adentra en el mar, es comparable a la visión del promontorio de Can Portavella penetrando hacia un mar de niebla, cuando en unos mágicos días al año, se extiende a los pies del roquedal donde se encuentra la torre de defensa de Can Portavella. La niebla define la forma de una bahía siguiendo la curvatura que presenta el camino de llegada a la casa, como la bahía donde se encuentra el puerto de Velia. Del legado que nos ofrecieron los griegos dando nombre de lugar a muchos parajes de la geografía de Catalunya, llegamos a entender como muchos de estos nombres se debían a una especial característica del lugar en un momento determinado, aspecto que llamó la atención de los exploradores a medida que iban descubriendo y colonizando el nuevo territorio.
En según lugar explicaremos ahora la relación entre los topónimos Porta Velia y Portavella. Sabemos que el sonido de la letra elle: “LL”, no se usaba en latín ya que el sonido de las dos elles juntas se pronunciaba como el de las eles geminadas. Por lo tanto el sonido más parecido era el que surgía de la unión de las letras ele e i “Li”. A través de los siglos el latín se transforma en las diversas lenguas románicas actuales. Por ejemplo: filia pasa a ser filla en catalán, Cornelia en Cornellà (nombre de la ciudad del Baix Llobregat), Massilia, Marseille en francés (Marsella), etc. Así Velia se transformó en Vella. Un antepasado de los Portavella redactó su testamento ológrafo en 1601. En este documento vemos como escribe su nombre: Joan Portavelia, y Joan Portavellia. El nombre de la casa solariega figura como Porta Velia. ¿Escribió Porta Velia por casualidad o fueron los espíritus del domus los que le influenciaron para que dejase constancia del nombre original?.
En el muro de contención del camino que conduce a la torre de defensa de Can Portavella, podemos ver en su parte central, un arco de descarga. O sea que cuando se construyó el muro de piedra lo reforzaron con un arco de descarga. Normalmente este refuerzo suele hacerse cuando la parte baja del cimiento del muro presenta una discontinuidad en las rocas del asentamiento del mismo. Podría muy bien ser que el terreno presentase un hueco o fisura, sino no habría sido necesario complicar la construcción del muro con un arco de descarga. En el siglo XIX se añadió una nave auxiliar adosada a este muro. Dentro de esta nave se puede comprobar la existencia de dicho arco de descarga. Insistimos en este detalle, debido a que la puerta griega de Velia tiene, en su parte superior, un arco de descarga. Por la otra parte del acceso a Can Portavella, a unos dos o tres metros más allá de este arco, en la parte hoy en día rellena de escombros donde se encuentra la era, la leyenda nos indica que podría haber, por lo tanto, un hueco o agujero, este hecho como hemos narrado al principio de este capitulo, llevó a los exploradores eleatas-romanos a bautizar el lugar con el nombre de Porta Velia.
En Can Portavella no se han hecho excavaciones. Tal vez deberían hacerse en la zona de la era, punto donde se podrían encontrar restos de las construcciones anteriores al siglo X. Los encargados de la casa de colonias, que establecieron en este lugar a finales de los años 80 del siglo XX, llevaron a cabo una minuciosa restauración del conjunto de edificios. En la visita que hicimos, a principios de los años 90, nos mostraron lo que habían encontrado: algunas monedas de diferentes épocas y una punta de lanza. La sección de la punta de lanza en forma de cruz, recordaba el tipo de punta de lanza griega.
En el capitulo “la inscripción” se analiza el significado de lo que se encuentra esculpido en el dintel de una puerta de acceso a un mirador de amplia visión panorámica. La inscripción nos revela un cierto significado, en griego, Allá donde se puede ir, accesible, aquello que es accesible. De todo el panorama que se divisa desde aquel lugar, podemos contemplar el Lluçanès, de la misma manera que desde Velia se divisa la Lucania. El análisis etimológico del topónimo Lluçanès nos lleva a Lucania. Con respecto a esta etimología se ha escrito y publicado lo siguiente: Si bien se ha dicho que el Lluçanès recibió el nombre del castillo de Lluçà, también podría ser al revés. En un documento del año 905, encontramos la expresión “castrum Lucano”, por tanto y partiendo de esta palabra escrita, Lucano, podemos hacer las siguientes consideraciones: el término “Lluca-mira” se refiere a una “lucarna”, un ventano de la buhardilla, que antiguamente se denominaba “lucanne”, que corresponde al aranès y occitano: “lucana, lucano” que en catalán es “lluçana”. La transformación de la letra L en LL, es, pues, muy común en catalán, los nombres de lugar que perviven más a lo largo de los tiempos son los topónimos. Cuando el dominio de Roma, posterior al dominio cultural de los griegos, se extendió por el territorio catalán, una de las importaciones que se hicieron fue la elaboración de la longaniza, industria actualmente famosa en la comarca de Osona. Analizando esta palabra vemos que deriva del latín vulgar “lucanicia”, derivado de “lucanica”, butifarra o longaniza, que tomó este nombre por su lugar de procedencia: el valle de la Lucania, situado en la Magna Grecia. Por lo tanto hemos de creer que el verdadero origen del topónimo del Lluçanès podría muy bien derivar de la del valle de la Lucania.
Curiosamente si en el Lluçanès se encuentra el lugar de Lluçà, la Lucania tiene también el suyo, Luca.
A pesar de las devastaciones, musulmanas o cristianas, o en la indefensión en la que se encontraban los habitantes autóctonos, siempre ha existido una población residual aferrada a la tierra que ha continuado conservando y transmitiendo la toponímia y las costumbres de sus antepasados.
En la introducción del presente relato hemos mencionado que la tradición oral más antigua es la que converge procedente de diferentes ramas familiares, separadas en un periodo de más de trescientos años. Esta tradición oral se refiere a los orígenes de la familia y nos indica que los Portavella vinieron de Italia.

La introducción acaba con la siguiente pregunta: ¿Cuándo vinieron de Italía,si tenemos en cuenta que la casa solariega Portavella ya era citada en un documento del siglo XII?. La respuesta a esta pregunta queda resuelta con la leyenda de Portavella que os hemos ofrecido, en la recopilación de los hechos descritos en los capítulos de este relato.